sábado, 26 de octubre de 2013

A ti padre, un mensaje que debió ser una llamada

Escribirte se convierte en una necesidad, como una afirmación de que allí estas. Corazón de sentimientos sutiles, ahora bajo parámetros de aflicción. Como perdido, incomprendido…así resulta mi vida ahora que ya no estas. Quisiera escuchar tu sabia voz o tu misterioso silencio. Quisiera que habláramos de la situación del país, no como lo hacen todo los demás, sino como bohemios, como seducidos por la historia que marcan los años, queriendo ser registros vivientes de una época, un legado de generación en generación. Quisiera que me hablara de aquellas casas que usted construyó por la Concordia y por otros sitios de mi amada San Cristóbal, de las anécdotas de sus amigos, de los tiempos de antaño (donde parece que tuve una vida anterior) me gustaría preguntarle si hoy va a llover, si de casualidad no se le antoja un café, para así conversar y no dejarme llevar por la flojera posesiva de las tardes…quisiera que me contara de las presidencias anteriores, de aquellos hechos que marcaron nuestra historia política. La historia me fascina, lo declaró culpable por eso. El maestro Rodríguez formó el corazón de Bolívar para la libertad. Usted formó mi corazón para la humildad, para el saber luchar, para seguir  al horizonte sin importa cuántas veces se ha fallado, sin importar las caídas…formó mi corazón para dejar huella, para adorar a quien merece ser adorado en el cielo…cielo, donde espero nos encontremos algún día. Espero que mis anécdotas sean igual de cautivadoras como las que usted me contaba, espero responder a lo que usted esperaba. Por ahora mi teléfono ya no muestra su llamada, y el suyo ya no sonó más. Hay un profundo silencio…como el de mi corazón al recordarlo.



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